
Libido: tu deseo tiene acelerador y freno
Leí un libro que me voló la cabeza sobre el deseo y te lo quiero contar en mis palabras.
Casi siempre creemos que las ganas son de tenerlas o no tenerlas. Un día hay, otro no, y si un día no hay, sientes que algo anda mal contigo. Pero el libro Come as You Are de Emily Nagoski lo explica de una forma que ojalá te acomode tanto como a mí. Básicamente explica que tu deseo funciona con un acelerador y un freno.
Los dos pedales
No es sólo una ocurrencia para la analogía, sino una explicación científica desarrollada por dos investigadores del Kinsey Institute. La idea es que el deseo es un balance entre lo que te excita y lo que te inhibe. O sea, entre el acelerador y el freno.
Tu acelerador es la parte del cerebro que capta todo lo que a tu alrededor lee como sexy —lo que ves, oyes, hueles, tocas, imaginas— y manda la señal de "enciéndete".
Tu freno hace lo contrario al mismo tiempo. Va captando todas las razones para no encenderte ahora —una preocupación, el estrés, sentirte observada, el pendiente que no cerraste— y manda la señal de "ahora no".
Los dos están siempre trabajando, y lo que sientes como "ganas" o "cero ganas" es cuál de los dos está pesando más en ese momento. Como dice Nagoski, prenderte no es solo prender lo que prende, también es apagar lo que apaga.
Casi siempre el asunto es el freno
Esta es la parte más interesante. Cuando las ganas no llegan, casi nunca es porque tu acelerador esté roto o débil, sino porque traes el pie en el freno.
Y el freno responde a un montón de cosas que no tienen nada de "sexuales", como el estrés, el cansancio, los mil pendientes, cómo te sientes con tu cuerpo ese día, un pleito sin resolver o si te sientes segura. Por eso una temporada pesada te quita las ganas sin que entiendas por qué. No es que ya no tengas deseo; es que la vida te tiene con los dos pies en el freno. Cuando el cuerpo está en modo sobrevivir, el deseo es lo primero que se hace a un lado.
Para mí, eso lo cambia todo. Deja de ser "¿qué tengo de malo?" y se vuelve "¿qué me está pisando el freno?".
El contexto lo es todo
Y lo más liberador es que la misma caricia, el mismo comentario o la misma situación pueden acelerarte un día y frenarte al otro. Todo depende del contexto.
Un roce de tu pareja cuando estás relajada y a gusto, acelera. Ese mismísimo roce cuando estás estresada, enojada o con la cabeza en el trabajo, frena. No es que tu deseo sea contradictorio, es que depende de un montón de cosas. Necesita un contexto donde el acelerador tenga chance y el freno no esté hasta el fondo. Por eso el ambiente, tu ánimo y qué tan tranquila y segura te sientes pesan tanto, a veces más que ninguna otra cosa.
Hay más cosas que lo mueven
Además del freno y el acelerador, unas cuantas cosas más le dan forma a tus ganas.
Una es cómo te llega el deseo. A algunas se les prende solo, de la nada; a muchas otras les llega después de que la cosa ya empezó. Esa segunda forma es igual de válida. De hecho, en la medicina está descrito que el deseo muchas veces aparece una vez que la actividad arrancó, no antes. Así que si eres de esas, no es que tengas poco deseo, es que el tuyo responde en vez de prenderse solo. Nadie le puso nombre, y muchas crecimos creyendo que algo nos faltaba.
Otra es en qué parte de tu ciclo estás, porque las hormonas suben y bajan con las fases (te lo conté en Ciclo 101) y muchas notan más chispa cerca de la ovulación.
Y otra más. Si tomas pastilla o algún método hormonal puede variar también. A la mayoría no le cambia el deseo, pero a algunas hasta les sube y a otras sí les baja. Si sientes que el tuyo cambió con tu método, no te lo estás inventando, pero eso se platica con tu ginecóloga.
No hay una forma correcta de desear
La sexualidad es enorme y cabemos todas. Hay quien desea mucho, quien desea poquito, quien pasa temporadas sin desear nada y quien casi siempre trae ganas. Nada de eso está mal o es anormal. No existe un termómetro de cuánto "deberías" desear, ni una cantidad "normal" con la cual compararte.
Lo único que de verdad importa es cómo te sientes tú con lo tuyo. Si estás a gusto, no hay nada que arreglar. Y si algo te incomoda (sientes que te falta, que te sobra, o simplemente no te sientes cómoda con cómo estás), eso sí vale la pena mirarlo, no porque haya una norma que cumplir, sino porque mereces sentirte bien.
Lo que quiero que te lleves
Que las ganas vayan y vengan no es preocupante, es así como funciona el deseo. Es un balance entre lo que te acelera y lo que te frena, y ese balance se mueve con tu contexto, tu semana, tu cuerpo y tu cabeza.
Así que la próxima vez que no traigas ganas, en lugar de "¿qué me pasa?", prueba con "¿qué traigo en el freno?". Casi siempre hay una respuesta ahí. Y si lo que frena es algo que no logras ubicar o que te preocupa (dolor, un medicamento, algo que te tiene mal), eso sí vale llevarlo con tu ginecóloga.
Ojalá salgas de aquí con todo un poco más claro de lo que llegaste, pero si algo te quedó dando vueltas, fálalo 📣
— Ema
Fuentes
- Emily Nagoski — Come as You Are: The Surprising New Science That Will Transform Your Sex Life (Simon & Schuster)
- Kinsey Institute — Dual Control Model of Sexual Response (Bancroft & Janssen)
- Manual MSD — Introducción a la función y disfunción sexual en la mujer
- European Journal of Contraception and Reproductive Health Care, vía NIH — The influence of combined oral contraceptives on female sexual desire: a systematic review (Pastor Z, Holla K, Chmel R, 2013)
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